Interludio otoñal

Mientras termino continúo apañando las fotos de los viajes de verano, aprovecho para darle la bienvenida antes de tiempo a mi gran amigo el otoño, que cada año tantas alegrías me trae; entre ellas, la de celebrar mi onomástica, que este año promete ser bastante interesante (o si no, al tiempo y ojalá me equivoque).

Otoño 2009 De un día para otro he cambiado las chanclas por las playeras cerradas y la camiseta de manga corta por la cazadora. A mí, como a todos, me ha pillado desprevenido; mientras escribo esto, oigo caer la lluvia en la terraza y pienso que hace apenas una semana tenía a todo tren el aire acondicionado.

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Es en este periodo del año cuando más ganas me entran de hacer cosas; supongo que será el frío, amén de que no soy una persona demasiado entusiasta con el sol y el calor, pues ambos me dejan tan tirado que me sorprendo a mí mismo en interminables ocasiones perdiendo el tiempo sin hacer absolutamente nada. Gracias a Dios mi asueto y mi pereza han terminado y por fin parece que empiezo a funcionar. Para muestra de lo anterior os dejo la siguiente miniserie (porque es muy muy muy “mini”) de fotografías que he extraído de la escapada que hemos hecho mi padre esta misma tarde y yo intentando “capturar” trenes. Lo único que hemos capturado ha sido un aguacero a pleno campo descubierto, pero la sesión de fotos ha sido interesante.

Otoño 2009

El cielo en otoño, y ya entro en materia, transmite esa sensación de malestar que tanto me gusta; es incertidumbre, es sombra, es inquietud, es… imprevisible. Las nubes contagian la bóveda de un plomizo casi irreal y cuando las miras detenidamente estás deseando que caiga el aguacero y te empape de lo lindo. Por mi parte, también deseo que la lluvia joda pero bien las puñeteras fiestas de Majadahonda que no me dejan dormir, pero supongo que es un pensamiento muchísimo menos romántico.

Otoño 2009

Bienvenido, otoño.

Otoño 2009


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