La boda de Vivi y Max

Viviana y Maximino son amigos de mi compi Víctor y aprovechando que se casaban decidió regalarles las de fotos de boda. Aunque el reportaje se limitó a la ceremonia y a los retratos de pareja, fue más que suficiente para poder conocer a los novios y darse cuenta de lo divertida que puede ser una sesión fotográfica. Por cortesía, omito de esta pequeña muestra las fotos donde empezaron a gesticular, que son realmente graciosas (aunque en alguna de las de aquí se les ve el plumero) pero son el ejemplo que debería poner a todos quienes piensan que retratarse en días así (con el estrés, los nervios, los invitados esperando…) es más un tramite que un recuerdo; todo lo contrario.

La boda fue en Pelayos de la Presa, en la sierra madrileña, y Max vestía en uniforme de la U.M.E (Unidad Militar de Emergencias; el cuerpo del ejército que ayuda a rescatar a la población civil en situaciones de emergencia como incendios o inundaciones), acompañado del resto de la patrulla que hacía en este caso el papel de “damas de honor” (¿se llaman realmente “caballeros de honor”? ¿el honor no es intrínseco a autodenominarse “caballero”?). Reflexiones de todo a cien al margen, fue un detalle curioso ver al novio vestido de oficial y recibir a la salida de la iglesia el “paseíllo marcial espadas en ristre.

Para las fotos de pareja nos acercamos a las ruinas del Monasterio de Santa María de Valdeiglesias del siglo XVI, hoy restaurado y a las afueras del pueblo, y que fue declarado monumento histórico-artístico de carácter nacional en 1983. Como Max es además un fanático de los coches, no quiso perder la oportunidad de lucir como coche nupcial un lustroso Mercedes AMG de los años 60 que nos acompañó durante gran parte de la sesión.

Y ya no me enrollo más, que aquí venimos a ver fotos. Muchas gracias a Vivi y  Max por ser tan resalaos y agradables y les doy mi enhorabuena por su reciente enlace deseándoles todo lo mejor.

 

 


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