El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Así hacemos los fotógrafos el reportaje de bodas. Manual para los novios.

Este año hará ya un lustro en el que empecé a tratar con la fotografía de boda (en breve confío en juntar las nupcias con la lucha libre y hacer un reportaje de bodas de cagarse la perra). Lo hice de la mano de Alejandro Almeida de quien no tengo ningún reparo en reconocer que aprendí todo lo que sé en este ámbito incluso muchos trucos técnicos que tenía enterrados en el baúl de conocimientos de mis tiempos de universidad donde parece que estudié con una cámara de esas de plástico donde aprietas el botón y te sale un payaso. A día de hoy, aunque sea en menor medida, sigo colaborando con Álex cuando me lo pide y además de agradecerle todo lo que me ha enseñado, os recomiendo que visitéis su web y lo tengáis en cuenta si estáis pensando en un fotógrafo (igual de majo pero con un repertorio de chistes malos mucho más limitado que el mío 😉 ) para vuestra boda. Ah, y no es que sea tirar piedras sobre mi tejado, es que estamos aquí para echarnos las bien merecidas flores que nos hemos ganado, porque creo que con el tiempo tanto él y como yo nos hemos ido distanciando un tanto en estilos y ahora mismo podría decirse que cada uno hacemos fotos diferentes, y para gustos, los fotógrafos (y sigo sabiendo más chistes malos, aviso).

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Después de este breve elogio sobre las virtudes de la competencia (guiño, guiño) pues vamos a lo que vamos. Y es que ahora que llega la temporada casamentera, lo mismo estáis ultimando los detalles o lo mismo estáis organizando la boda para el año que viene y estáis valorando opciones sobre vuestro reportaje fotográfico. En cualquier caso, aquí estoy yo, por si os ayuda a decidir y os he preparado esta pequeña (pero-dividida-en-tres-partes-porque-me-he-enrollado-como-las-persianas).

El reportaje de boda

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Habitualmente, todos los reportajes de bodas constan de las mismas partes y con mayor frecuencia aún, esas partes respetan siempre el mismo orden (aún tengo pendiente una boda que empiece por el banquete y termine con la novia arreglándose el peinado después de la barra libre), si bien es cierto que muchas veces algunas se alteran u omiten, bien por tiempo, bien por presupuesto o bien por imposibilidad material. Yo os voy a contar como es una boda estándar (hablando de fotos, claro) de las que hago habitualmente y si me lo permitís, añadiré algunos consejos que podéis aplicar con cualquier fotógrafo con el que contratéis vuestra sesión; luego si os pregunta quién es el ceporro que os ha dicho que le digáis tal o cual, me lo remitís y ya me las apaño yo con él. Estos consejos, no es que me los invente yo; bueno si, pero vienen definidos por la experiencia con la que me he ido encontrando durante estos años y aunque parecen perogrulladas que no se suelen tener en cuenta, ya veréis que son de cajón y no cuestan mucho esfuerzo.

Las casas de los novios

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Antes de entrar en materia, querría explicar por qué son interesantes las fotos en casa de los novios. Muchas veces, al tratarse de presupuestos ajustados, las parejas prescinden de algunas partes del reportaje fotográfico. Y más concretamente de ésta (o de éstas), pues suelen resultar las más típicas de todo el proyecto. Si bien es cierto que sí, que es verdad que son casi siempre “fotos de manual”, resultan importantes por varios motivos. El primero es que de cara a tener un recuerdo global de todo el día, los “pasos previos” resultan muy entrañables al revisar el álbum tiempo después. La novia se ha tirado cuatro meses y quinientas tiendas eligiendo unos zapatos y ¿no es importante contar con una foto que los atestigüe? ¿o con el peinado antes de que se desmadre bajo el arroz nupcial?

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Otro motivo es que a pesar de que fotógrafos y novios nos hayamos podido ver o hablar todas las veces que hubiera hecho falta, seguimos siendo “extraños” para el resto de los invitados de la boda. Si llegamos a la ceremonia directamente nos cuesta adivinar en un primer momento quiénes son los familiares cercanos a la pareja (el que ayuda a salir del coche a la novia lo tenemos claro, y la persona que acompaña al altar… también). Este problema se atenúa visitando las casas de los novios, donde casi siempre están los parientes directos de ambos, y donde es una forma de romper el hielo frente a ese personaje vestido de negro pero sin traje que se cuela en la boda a incordiar a los invitados. Como no queremos que esto ocurra (¡¡Dios nos libre!!), pues de esta manera lo suavizamos.

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Y por último (bueno, de lo que se me ocurre aquí) sirve a los fotógrafos para “calentar el disparo”. Esto, que suena de cualquier forma menos bien, es muy habitual. Cuando empiezas una jornada de trabajo de cualquier tipo, a primera hora siempre estás fresco como una rosa, pero realmente no eres productivo hasta que te has metido un rato en el meollo. Pues con la fotografía pasa igual: estas fotos que haremos en las casas nos sirven para llegar “con carrerilla” a la ceremonia y las fotos de pareja (que son la guinda del reportaje de bodas) y tener soltura y confianza con novios e invitados para que ni ellos ni nosotros se sientan intimidados. Así que si estáis pensando en ahorrar recortando partes del reportaje, tened en cuenta que la diferencia de precio entre un reportaje con casas y sin ellas equivale a poco más del cubierto de un invitado y la diferencia entre tenerlas y no tenerlas puede ayudar indirectamente al resto de la sesión.

En la casa del novio

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Por lo general, debido a lo aparatoso del vestido, la novia suele ser la se que demore más en empezar a vestirse, con lo que la primera visita que suele hacerse es a la casa del novio, porque no pasa nada esperar un rato vestido de traje pero sí es un engorro cargar con velo, cola y corpiño más tiempo del necesario. Y esto es un hecho que no he dicho yo. Esta parte no se suele alargar más de una hora; que tampoco hace falta, vaya. Se sacan planos detalle de algunos elementos importantes del uniforme habitual de pretendiente a marido como reloj, gemelos, corbata, chaleco, cinturón, zapatos, la flor de la chaqueta, el pasador de la corbata… y lo que se tercie (¿quién no estrena calcetines de dinosaurios el día de su boda?). Se pide al susodicho que para la hora acordada esté a medio vestir, o lo que viene a ser con pantalón y camisa, porque luego lo que corresponde es fotografiar el proceso mientras se terminan de poner todo lo demás. Es para esta segunda parte cuando se suele pedir ayuda a otros invitados que haya por la casa: padres, hermanos, tíos, amigos… son un elenco de ayudantes improvisados de gran categoría para según que casos  (“¡¡¡Ay paaaaaaaapa, hazme el nudo de la corbata!!!”). Por cierto, que no importe que no estén vestidos para la ocasión, que el hecho de estar en chandal mientras se echa un cable al novio para ponerse el chaqué también tiene su gracejo.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Una cosa importante: no os aceleréis. Hacedlo todo con algo más de parsimonia de lo habitual, que sirva de ayuda a plasmar el momento. Y que tampoco os preocupe que no parezca muy natural, porque en fotografía hay que tender a exagerar un poco para que luego en la imagen no parezca que nos hemos quedado a medias con un gesto o movimiento sin definir. Ojo, tampoco es necesario convertirse en Jim Carrey… con acentuar un poco más la gestualidad ya sirve.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Terminado de vestir, tocan unas pequeñas fotos de pose; son las de rigor, aunque no tienen por qué ser rigurosas; no sé si me explico. Hay muchas maneras de posar diferentes a estar tieso como una vela. Estas fotos pueden hacerse en la propia casa o fuera de ella en algún lugar cercano, pero no mucho que luego se nos echa el tiempo encima; si podemos disponer de luz natural mucho mejor (esto es aplicable a cualquier casa o interior y, a gran escala, a cualquier fotografía). A las muy malas, llevamos flash, pero yo concretamente soy bastante reacio a su uso indiscriminado existiendo alternativas.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Invitados; a ver, no huyáis de la cámara. Tened en cuenta que las fotos quedan mucho más cercanas y familiares si el retratado se encuentra en su entorno. Siempre hay gente que dice “no me saques que no voy arreglado/a”, pero es que para hacer fotos con el traje ya tenemos el resto de la fiesta. En estos primeros pasos se trata de ser natural, como los yogures.

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En casa de la novia

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Básicamente todo lo anterior se aplica también a casa de la novia con la salvedad de que aquí los fotógrafos solemos alargarnos un poco más, pues es mucho más complicado atar un corsé que ponerse un chaleco, cuando no tenemos, además, la presencia indiscutible del maquillaje, peinado o el velo. Por razones obvias de llamamiento al decoro, se hacen las fotos una vez puesto el vestido, mientras se calzan los zapatos, se ponen pendientes, collares, broches, pulseras… y sobre todo se ajustan los “palabras de honor”… fase en la que todo el mundo suele ayudar y aparece una maraña de manos muy divertida de fotografiar. Pero ojo, que hay fotos del vestido colgado y sin poner que son bastante chulas de hacer. Eso sí, no está de más hacerlas en sitios amplios donde se pueda extender o colgar el vestido y que no salga hecho un guiñapo.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Aquí también es costumbre que haya muchas más gente que en la casa del novio (es una generalización, claro pero todos quieren ayudar a la novia a ponerse horquillas) e insisto en que no hace falta desaparecer cuando estemos los fotógrafos ahí, que si es necesario ya pediremos nosotros un poco de espacio. Lo complicado en estos casos es que no siempre las casas son tan espaciosas como nos gustaría y la confluencia de personal a veces suele agobiar o termina por entorpecer el trabajo. Desde luego, lo que menos nos apetece a los fotógrafos es ser un incordio, pero por otro lado, hay que entender que nuestra labor también consiste en “dirigir” a los novios con el fin de obtener buenas tomas. No nos olvidemos, este servicio cuesta un dinero y muchas veces no depende sólo de nosotros que el resultado sea satisfactorio. Por muy buen equipo, técnica y tablas que tengamos, una casa mal iluminada, repleta de gente, sin espacio y con agobios no resulta el escenario más ideal para trabajar y creednos cuando os digo que lo único que nos importa es que vosotros estéis realmente contentos con la experiencia. Para ello igual os “mareamos” un poco, pues tendremos que estar midiendo luz si hay cambios bruscos de un sitio a otro y seguramente os pidamos repetir alguna toma que creamos en ese momento que podamos mejorar o que veamos que hubiese quedado mejor en oro rincón con otra luz. Sed pacientes, que a nosotros también nos incomoda molestaros más de la cuenta… aunque a veces no quede más remedio.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Novias, a ver; sé que esto es difícil, pero el día de antes, procurad descansar… que casaros os pone muy nerviosas (a los novios también, pero ya sabemos de quién es en realidad el día y quien se preocupa por que todo esté en orden al 100%) y en todo este tiempo no he tenido ni una sola boda en la que un pequeño detalle haya dado al traste con todo. Las bodas siempre salen bien, así que no os preocupéis por nada. O al menos, de las fotografías.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Una vez preparadas y vestidas, os toca una sesión personal en miniatura, como la de los novios pero con más glamour; puede que estas no sean las fotos más innovadoras del universo (todo depende de lo relajados que estemos todos) pero sin duda son de las más vistosas, que con velo, maquilladas, peinadas, y engalanadas estáis todas guapísimas. Y ahora sí, aquí por favor, aunque sólo sea en este ratito de cinco minutos, la novia es “sólo” del fotógrafo, y prometo devolverla sana y salva.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Consejos para las casas

Estas pequeñeces no siempre pueden cumplirse porque están supeditadas a muchos factores, como número de asistentes, espacio de las habitaciones, decoración… pero en la medida de lo posible, pueden marcar la diferencia entre una sesión agradable y un despropósito.

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Recoged. Que sí, claro. Esto es muy fácil decirlo estando la casa repleta de regalos, cajas, vestidos, envoltorios, la caja de la pizza de la comida porque no hemos cocinado hoy, etc. Muchas veces tenemos buenas tomas y en el revelado nos encontramos con una lata de coca-cola perdida, o el envoltorio de un regalo, o una toalla sobre el sofá (casos verídicos) que estropean el encuadre. Que sí, que tenemos Photoshop… pero es Photoshop, no la Virgen de Lourdes así que no hace milagros, y tardamos menos quitando un calcetín del sofá antes de disparar que clonando el mantel de ganchillo con el ordenador.

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Espacios amplios; en la medida de lo posible claro. Aunque de esto también nos encargamos nosotros cuando llegamos, moviendo alguna mesa, silla o abuela (con su consentimiento, faltaría más). Si hay espacio suficiente, nuestra preferencia suele ser el salón de la casa, al tratarse por norma general en la pieza más amplia; pero eso no quiere decir que siempre sea la más luminosa… o la más tranquila. Porque claro, si hay seis o siete personas rondando, donde mejor están es en el salón (o la cocina, en según que casos). El salón además cuenta con otra desventaja y es que suele ser centro de reunión de un sinfín de elementos que distraen. A ver, que cada uno en su casa tiene lo que le da la gana, lógicamente, pero sólo estoy dejando patente el hecho de que el ruido visual también puede afear una buena toma. Para solucionarlo, podemos remitirnos al punto anterior.

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Luz. Natural. Cuanta más mejor. Preferimos sacrificar espacio por luz, así a veces optaremos por buscar habitaciones más pequeñas pero que reflejen mejor la luz exterior. Paredes blancas, cortinas, espejos (estos con cuidado, que nos traen visitantes imprevistos)… todo eso ayuda. El flash siempre es una opción, pero casi nunca la mejor, así mientras sigan sin privatizar el sol, nos aprovecharemos de la luz solar todo lo que podamos.

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Los tres consejos anteriores pueden resumirse en este: elegid bien el espacio donde queréis haceros las fotos. Nosotros, los fotógrafos, os ayudaremos a acondicionarlo, pero ganamos enteros si tenéis una ligera idea del lugar donde mejor os sentís, tanto porque sea más familiar, os traiga mejores recuerdos, lo tengáis todo más a mano u os resulte más cómodo. Hay quienes reservan habitaciones de hoteles, pero yo creo que tampoco haría falta llegar a ese extremo por este motivo.

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Si tenéis animales, en las casas es un buen momento para retratados con ellos; la otra opción es llevarlos a la ceremonia y que os traigan los anillos. Mi recomendación en el primer caso que lo hagáis antes de poneros trajes y vestidos, por si acaso, que estos bicheros son muy majos pero altamente impredecibles. En el segundo caso, francamente espero que no me estéis tomando en serio.

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Mensaje a los familiares que estáis en las casas: vais a tener fotos de sobra, con los novios, sin ellos… no os preocupéis. A todos nos gusta tener el recuerdo de la foto del grupo con la/el novia/o antes de salir por la puerta, pero entended que muchas veces no hay tiempo (pese a la planificación, siempre pueden surgir imprevistos), o no hay espacio para juntar a doce personas bien iluminadas en una habitación de cuatro metros cuadrados. Si sois los novios, hacédselo entender, que a vosotros os hacen caso. No obstante, tampoco hay que renunciar a estas tomas de manera categórica, porque si pueden realizarse se hacen. Es sólo que lo tengáis en cuenta.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

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Ah. Sed creativos. El fotógrafo llega a las casas con una idea de la sesión en la cabeza, pero muchas veces se quedan en meras intenciones al descubrir el espacio, luces… todo lo anterior. Para eso estamos, claro… nosotros improvisamos sobre la marcha con la experiencia de todas las bodas anteriores. Pero es que muchas veces a los novios se les quedan fotos en el tintero por no atreverse a sugerirlas. Dos apuntes: uno; estamos para hacer lo que queráis (fotográficamente hablando, digo) y dos; no hay nada lo suficientemente extravagante como para que no pueda hacerse. ¿Puede una novia aficionada al baloncesto salir con el vestido y una camiseta de los Chicago Bulls encima? Puede, a poder ser, antes de ponerse el velo. ¿Se pueden sacar en un primer plano los calcetines de dinosaurios que has estrenado antes? Desde luego; y con la corbata en el pie. No os dé apuro. Si os pasáis de la raya… tampoco os vamos a avisar: todo el mundo quiere una boda atípica a la par que divertida, y se empieza por aquí.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Y hasta aquí la primera parte; en la próxima entrega, ceremonia y fotos de pareja, que son la flor y nata del reportaje fotográfico de bodas.

El reportaje de bodas. Parte I. En casa de los novios

Por cierto, que las fotos que acompañan este post están publicadas con consentimiento de los novios afectados. En Bodas – Casas de los novios, podéis ver más ejemplos de fotografías en las casas de los novios.


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