Sí, no, tal vez. VIII Jornadas de Ilustración y Diseño Gráfico en Albarracín

Hasta hace poco menos de dos meses no sabía que existían. De hecho ni siquiera sabía dónde estaba Albarracín (en Teruel), del que dicen que es el pueblo más bonito de España, aunque imagino que esto último es muy discutible. Lo innegable es que es francamente espectacular; empedrado, con cuestas y callejones estrechos… pura esencia medieval. A lo que voy. Fue gracias a mi compi Sara (que me informa siempre de estas cosas) que me enteré de que en este pueblecito durante unos días y desde hace ya ocho ediciones, Isidro Ferrer y Grassa Toro organizan, dirigen y supervisan unas jornadas y cursos de ilustración y diseño gráfico que reúnen año tras año a lo más granado del panorama internacional.

Bajo el lema “Sí, no, tal vez” (la duda de todo como eje central), desplegaron su repertorio, su talento y su buen hacer Laura Meseguer, Violeta LópizNatalie SeisserAstrid Stavro, Ana Ventura y Zeloot. Un elenco 100% femenino que sufrió de las vicisitudes de la huelga de controladores aéreos en Francia, por donde pasaban muchas de ellas para poder llegar a Zaragoza, y que implicaron un (leve) cambio en el orden de las ponencias del programa. Nada grave.

Albarracín, como ya he mencionado antes, es famoso por ser completamente medieval. Restaurado, sí; pero medieval, también. Subir esas cuestas, y más con el frío y la lluvia de los primeros días como compañera, te forja unos gemelos y unas pantorrillas de campeonato. Ya que me sacáis el tema del tiempo, pues lo cierto es que el buen clima tardó en hacerse notar. Lo que en otras ocasiones eran veinte grados con sol de morirse, esta vez fueron apenas diez con nubes, viento y lluvia. Gracias a los dioses, Junio terminó llegando y en mitad de las jornadas pudimos ponernos las chanclas y el pantalón corto.

Pero claro, no solo vivimos de ponentes y de cursos, que la parte de la fiesta y el trato con nuevos amigos también era parte fundamental de la experiencia. Os podéis imaginar que cien alumnos, todos relacionados de alguna manera con el diseño o la ilustración, teníamos mucho que compartir en nuestros ratos libres; y aprovechando que la cerveza en Albarracín aún sigue estando a precios bastante populares, pues fue todo un suma y sigue. Desde aquí quiero mandar un abrazo muy grande a todos con los que he tenido la suerte de compartir estos días; gente increíble venida desde todos los sitios imaginables (Singapur, Zanzíbar, México, Colombia, Murcia…) y que en un alarde tremebundo de humildad compartían tan altruistamente su habilidad y conocimiento unos con otros, todos con todos; así pues, forman parte de esta lista José, Roberto, Octavio, Estrella, Taína, Margarita, Paola, María (de estas había muchas, un beso muy gordo a todas), Irati, Clau Dia, Ester, Daniel, Diego, Eduardo, Lorena, Kike, Marc, Melanie, Samanta, Leslie, Juliana, Víctor, Bea, Adolfo… y así hasta cien personas increíbles.

Como éramos muchos, las actividades se dividieron en talleres; desde los más ilustrativos (Zeloot, Lópiz) hasta los más conceptuales (Astrid, Laura) y pasando por otros más alegóricos (Ana, Natalie). Siempre con el hilo conductor que dirigía el rumbo del curso y lo ponía título: Sí, no tal vez. Supongo que los alumnos fuimos adjudicados a nuestros respectivos talleres en base a nuestra trayectoria y desempeño profesional (y bueno, imagino que también las imágenes de muestra que mandamos tuvieron algo que ver). En mi caso, me tocó en taller con Zeloot, esta artista alemana-holandesa (no me quedó muy claro de cuál de los dos sitios) que hace pósters y portadas de discos bastante psicodélicos.

La idea del taller era “conceptualizar” en un poster una palabra en concreto, partiendo de una premisa abstracta y dejándote llevar por las sensaciones que te producía al leerla o escucharla. La palabra que me tocó a mi era “claro” (clear, en inglés). Cada cual tenía su propia palabra. Además, teníamos una limitación en cuanto a técnica y tamaño. El tamaño, 100×70; la técnica, acrílico aplicado a rodillo, espátula o pincel, creando y recortando plantillas (stencils) de formas más o menos abstractas. Debo decir que fue un poco shock al principio, porque desde luego no es la manera habitual en la que acostumbro a trabajar, pero bueno, era parte de la gracia: salir de la zona de confort.

El primer día fue bastante frustante ver como la idea original, cogida con pinzas, se desvanecía en la técnica, que no llegaba a cuajar, vete a saber si por las prisas, por la incomodidad, si porque no era una buena idea. La cuestión es que Zeloot me insistía a seguir dándole vueltas y así fue como el segundo día me cambió el chip.

Incluso los demás compañeros notaban el cambio, porque las cervezas de la primer y frustante jornada estaban regadas de alusiones bastante penosas a mis habilidades y el segundo día (esa noche tuve pesadillas hasta que se materializó un poco el concepto) me cambió la cara por completo y, de paso, también la idea. Terminé relacionando la claridad con el conocimiento y el conocimiento acabé representándolo con un ojo. Los que no seáis muy conceptuales, simplemente creéroslo.

De regalo, cuando vi que lo del rodillo ya funcionaba, me marqué un poster-cartel-ilustración de Moby Dick, que aunque resultó pintón, se alejaba un poco de la idea original del “poster” que quería Zeloot.

El último día, todos los talleres montamos una exposición con los diversos trabajos después de dar una pequeña explicación de lo que se pretendía conseguir en cada uno. Más o menos, por resumir, Zeloot, quería un poster conceptualizando una palabra, Laura una tipografía, Astrid una visión de Albarracín sintética y conceptual, Violeta un retrato personal y de antepasados, Ana buscaba islas dentro del cuerpo humano y Natalie quería crear la imagen de un nuevo perfume especialmente diseñado (por Leslie, otra estrella del curso) para estas jornadas “Sí, no, tal vez”.

Huelga decir que no contento con mis talleres, me llevé el ZAPBOOK, la cámara y una libreta para dibujar las calles de Albarracín. El ZAPBOOK viajero se trajo algunos retratos (incluso varios tróspidos) de los presentes y circuló por muchas manos. Incluso Violeta me dejó hacerle una foto con su retrato. El resto, pues están más o menos identificados y con más o menos acierto (a Natalie tuve que dibujarla de muy lejos y casi ni se parece, pero confío que pueda perdonarme).

Y claro. Después del trabajo llegó la fiesta. Aunque realmente la fiesta nunca se fue, y es el corolario a estos días tan increíbles que Isidro y Carlos nos han regalado a todos y que espero poder repetir de nuevo si no el año que viene, pues el siguiente. O el otro. O el de después. De momento, me traigo la cabeza llena de inquietudes y la agenda rebosante de nuevos amigos y mejores personas. A todos vosotros, gracias y (confío) hasta muy pronto.

Adiós Albarracín.

PD: Como siempre, podéis ver el resto de imágenes en Flickr y quería dar las gracias al fotógrafo por su buena labor inmortalizando cada momento aquí.

PD2: Os dejo el enlace a otro artículo sobre las jornadas que ha dejado Taína Almodóvar en su blog y que ha tenido la amabilidad de enlazar con el mío. Gracias artista!


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